Las clases de inglés son un hastío a veces, sobre todo por culpa del sueño, la fatiga y las largas horas que la preceden cuando esta se sitúa a última hora. La gente se impacienta, no atiende, se duerme, y como todo correctivo en este sistema educativo, nadie piensa en las consecuencias.Hoy, tras haber pasado las fiestas de todos los santos y fieles difuntos (para algunos puente de Jalogüin) ha sido diferente. Con el pretexto de un reality show (similar al curso del 63), empezamos hablando de "la mili" y terminamos en la transición. Entonces se armó la gorda.
Y cuando he dicho que se armó, he de matizar diciendo que se formo una discusión tan acalorada cuando tu contrario es el profesor de Ingles, es el tutor de mi curso y además es el coordinador de Bachillerato. Y a todo se añade que mis grandes defectos estaban por medio: la pesadez. Y entonces, en estas circunstancias parecía escucharse un elogio a la transición, y como buen carlista que soy, este piropo a la falsa democracia se me presentó como una afrenta personal.
1º Oí un elogio al espíritu demócrata del Rey y sus cortesanos franquistas, por permitir la amnistía de Santiago Carrillo[i]. A lo que yo respondí, y además con completa sinceridad y sin animo de caldear el ambiente: ¿Es justo perdonar a alguien que ha ejecutado a tantas personas de tan modo injusto en Paracuellos del Jarama? (Y lo pregunto del mismo modo que pienso en la crueldad de algunos del bando nacional[ii], al que apoyo en su ideal de defender los valores de la patria) Recibí el calificativo de demagogo (y posiblemente sería un argumento tal, no lo niego).
2º Tras este rifirrafe, comencé a oír elogios a Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, o más comúnmente llamado Juan Carlos I de Borbón, y entonces me bulló la sangre por dos razones: Ni el rey es tan santo, ni el rey es tan demócrata. Entonces describí, en un enardecimiento ciego de mi ira, los sucesos de Montejurra, aquel suceso tan fatídico, promovido por Juan Carlos I que mandó al lefevrista Don Sixto Enrique de Borbón-Parma Bourbon-Busset, ilegítimo heredero al trono carlista, a derrocar a su hermano, y también ilegítimo pretendiente al trono carlista, Don Carlos Hugo de Borbón-Parma Bourbon-Busset (Requiescat in Pace). Murieron dos hombres, hubo varios heridos, el carlismo, que tenía mucha fuerza, se quedo sin ella, fue ilegalizado hasta el término del periodo de transición más inmediato del régimen a la democracia... todo por los anhelos de poder de un rey, y por la necesidad de la camarilla de nuestro "supuesto rey" de mantenerse apalancados en esa estructura de poder corrupta que hasta hoy sigue sostenida.
A esto don Francisco (profesor de inglés)[iii], que es, si soy sincero, lo que más me dolió, me respondió:
- LOS CARLISTAS SOIS LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS QUE QUEDÁIS EN ESPAÑA
A esto yo respondí:
- AL SENADO (AUNQUE CIERTAMENTE SOMOS UNA CIFRA MODESTA) NOS VOTARON 45000 PERSONAS...
A lo que muy audaz reiteró:
- PUES SOIS LOS ÚLTIMOS 45000 ROMÁNTICOS QUE QUEDÁIS EN ESPAÑA...
Y me quedé completamente sin armas cuando siempre inoportuna o impuntual, sonó la sirena. Por ahí se hubo de salvar el liberal frente a mi grito contrarrevolucionario. Y sí, ciertamente soy romántico, pero no por Carlos María, sino por Bécquer, Rosalía de Castro, José de Espronceda, Lord Byron... Por lo político, aunque parezca irónico, soy muy realista, casi naturalista.
Todo queda dicho.
[i] Santiago Carrillo, siendo como fue del otro bando merece todo mi respeto y no quiero caer en ese rifirrafe sobre su condición de homicida o no. Ante todo es una persona, que aunque no comulgando con sus ideas políticas, lo respeto ante todo.
[ii]Cuando me refiero al bando nacional quiero pedir que no relacionen con los ambientes fascistoides provenientes de Falange y los resultados del decreto de unificación de 1937, que tuvo un resultado dañino para la patria y para la Iglesia Católica que se encontraba en situaciones difíciles antes de la sublevación. Puede relacionarme usted si lo desea con el catolicismo y su defensa, pero no con el asesinato cruel y la personalidad taimada de muchos que tomaron la guerra, no como una Santa Cruzada, sino como una oportunidad de tomar el poder.
[iii]Mi profesor de inglés es un gran hombre, de esos de los que te apoyan cuando lo necesitan y al que tengo mucho aprecio. De hecho, ayer leyó la entrada y se disgustó porque creía que me había hecho daño. El tono de mi texto me ha parecido un poco irrespetuoso, aunque soy firme defensor de lo que he dicho. De todas maneras sabía bien a lo que me arriesgaba y a lo que no. Sabía que podía leerlo y sentirse molesto y sabía también que no sería alguien injusto conmigo, porque ante todo es un profesional humano, que quede claro.