Solo respeto las fiestas navideñas como un período donde se rememora la venida de Nuestro Señor Jesucristo. En todo lo demás la navidad me parece la fiesta más absurda que he conocido nunca. Se ha creado en torno a ella un halo de esperanza, de caridad obligada, de amor a la familia superfluo, de generosidad consumista... que me tiene un regusto, no a capitalismo, sino a profundo fariseísmo pseudo religioso.
Puede haber habido numerosas disputas durante el año, incluso insultos, vejaciones... Puede haber habido malas miradas a los mendigos, puede haber habido políticas laicistas desde gobiernos y ayuntamientos sectarios... Pero en estas fiestas, que existen gracias a la costumbre cristiana, el familiar que insulta y el insultado se muerden la lengua y sonríen felices en la fiesta pagana de la solidaridad. Los ayuntamientos, cubren de luces, numerosos lugares, como si eso diera sabor navideño a nuestra miseria. Las políticas sectarias se atenúan, para después, el 6 de enero tomar de nuevo graves represalias contra aquellos que se oponen al totalitarismo democrático. El Corte Ingles, Hipercor, Carrefour, PSOE, PP... todos alegres no por la venida de Cristo, sino por el regreso del hipócrita Satanás. Sí, Satán, disfrazado de la solidaridad más tibia, más falsa, más egoísta. Recordemos que Satán no es el Saurón de la Tierra Media o Morgoth de Beleriand, más bien es un ángel vestido de flores y armado de cuchillos (y regalos).