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martes, 31 de agosto de 2010

Egoísmo de la noche


Abrigo

Quisiera tener la noche
envuelta por suaves sábanas,
por nuestra oscuridad pobre:
regazo dueño del alma



John Atkinson Grimshaw (1836-1893)


Las estrellas estaban dormidas en el cielo azul nocturno. La luna se asomaba tímida por las rendijas de su reflejo blanco. Los árboles parecían mutistas. El susurro de la hierba había cesado por momentos. Parecía como si fuera a ocurrir algo extraño. No sucedió nada. Como siempre, la noche sencilla se perdió ante la frenética melodía de lo real. El deseo místico de apoderarse de la noche y ser apoderado por ella se extinguió y la maquinaria del tiempo continuo su camino. No contemplamos más que sueños, más que sabanas, más que oscuridad pobre.

lunes, 30 de agosto de 2010

Carta tras la vuelta de las Jornadas Humanísticas.




Deja que el tiempo prosiga
no quieras darle más vueltas:
quizás mañana te rías
de lo que ahora te apena.

J. Antonio González Romano




Todo el verano ha sido para mí una carga que no deseo a nadie. El calor, el aislamiento costero al que me he visto sometido durante un mes y las imposibles y eternas horas frente a la apatía del ordenador, se han mostrado como las lanzas del aburrimiento más integral que he sufrido nunca. Y es que el aburrimiento lleva a la angustia vital, y menos mal que antes de que esta consecuencia apareciese, la luz de la suerte ha encendido en mi corazón nuevas fuerzas para afrontar el curso con determinación. La última semana de agosto es el evento del que mi alama ha sufrido una de las pocas mellas positivas: las Jornadas Humanísticas. Y los asistentes a esta que estén leyendo mi blog, espero que no me miren como a un melodramático, pero es así por que el mundo es hostil a la cultura, y uno ama a la cultura sobre casi todas las cosas, y eso que para ser sabio yo, disto mucho.


Ahora, todo se presta como un vacío ante la inmensa fuerza que uno percibe de jóvenes como yo, en un paraje como es el pirineo aragonés. Sin embargo puedo decir que no estoy triste por ello, sino alegre por haber vivido un año más, con los humanistas jóvenes del tercer milenio, una de las experiencias que para mí son de las más queridas en todo el año. 

Duro el año se presenta, pero con garbo y determinación, el año que viene nos veremos, humanistas del siglo XXI, nos veremos porque así debe ser, por que además mi alma, espíritu o como queráis llamarlo, sufre una extraña dependencia hacia vosotros.

Un Abrazo
Antonio Rivero

viernes, 18 de junio de 2010

A la vuelta de los exámenes con las mujeres...


Siento haber faltado a mi cita en el blog estos días pero los exámenes me reclamaban.

No entiendo porque la relación de amar a las mujeres debe ser simplemente un amor carnal, no entiendo porque un sacerdote, un esposo... no puede hablar de las mujeres en general como una de más grandes bellezas poéticas creadas, expulsadas de la nada a la vista de los ojos de los hombres. Que más hermoso que una mirada de una mujer, sea gruesa, delgada, con caderas anchas, embarazada, con carácter insoportable, con crueldad infinita, con el instinto de la muerte afianzado en su corazón... Que más bello, a pesar de las fealdades del alma, que una mujer, que es cáliz de fecundidad, ser humano, imagen de la sensualidad en el eros, que es criatura vivificada en una imagen de pureza, por lo menos aparente.


Y es que me he dado cuenta que aquel refrán tan antiguo que declama "Las apariencias engañan" es falso. La verdadera apariencia de lo femenino es el reflejo de la verdad interior, porque la belleza no es algo que se atesore en lo oculto de la esencia de las cosas, sino que es un sello que trasciende a la estética. He aprendido, en un fogonazo de luz, que la mujer como idea poética, es en realidad universal, implícita hasta en aquellas donde la maldad se vuelve inaprensible.

sábado, 22 de mayo de 2010

La belleza, memoria de la resurrección.

Pavel Florenskij

Tomando el título de esta entrada, prestado de la tesis que recién he adquirido de Francisco José López Sáez, sobre el teólogo ruso: Pavel Florenskij, comienzo una breve crónica sobre la presentación del N.22 de la Revista Númenor.

¡FUE GENIAL!

El conferenciante, ya mencionado al principio, dio una clase magistral sobre el desconocido Da Vinci ruso. Habló de su vida, como fuente de su pensamiento filosófico; hablo del icono, de su concepción de la palabra... recubriendo una hora de cultura de belleza. Tras el acto, se siguieron algunas preguntas y posteriormente nos salimos a la C/ San Fernando, donde todos los asistentes se tomaron algún refrigerio para reponer fuerzas del calor prematuro de primavera. 

En la terraza donde nos sentamos estuvieron Fidel Villegas, Rocío Arana, Cerero, Paco Gallardo... y entre todos estuvimos hablando de los misterios que quedaron en el tintero, tales como la cultura de la muerte (no es clave política sino filosófica); la tesis de Rocío sobre Calderón de la Barca, además de un recital que participó entre feministas... Una velada que para mí se acabó a las 22'30, cuando los autobuses comenzaron mostrar su impaciencia.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Metafísica. Libro IV. A la luz de los clásicos.



He de reconocer que por mucho que me apasione la filosofía, "Metafísica" de Aristóteles es un libro que al empezar parece tener una naturaleza plomiza y oscura. He recorrido su primer centenar con un sentimiento de obligación que no poseía sentido alguno. A pesar de todo, y seguro que no son avatares del destino ni del azar, llegué a su libro IV. Es aquí donde la fascinación hacia lo evidente abrió mi alma hacia este filósofo universalmente conocido. 

Recorrer la evidencia del principio de no contradicción, por el cual nada puede ser y no-ser al mismo tiempo, el principio de tercero excluso, que muestra con garbo la lógica aristotélica... todo esto, en un conglomerado de sensaciones extrañas ante el saber, han fascinado al asombro. Y es que este pensador planteaba en su tiempo interrogantes aparentemente absurdos para nuestro tiempo, pero que resultan, al leerlos del modo en que los plantea, unos pensamientos que pueden resultar especialmente escondidos. No pretendo aquí hacer un comentario filosófico, ni exponer mi opinión metodológica al respecto, sobre todo porque carezco de esa capacidad, al menos con el rigor que se requiere. La idea no es Aristóteles, sino más profunda si cabe.

Los clásicos, tanto en materia de ensayística como en literatura, poseen una fuerza vital extraordinaria. Su problema es la dificultad de leerlos y comprender su vocabulario, o incluso, los temas que adornan el corazón de luz que entraña... sin embargo, el poder de estos dan vida y purifican nuestra mente. Leer a Platón, a Aristóteles, a Sófocles, a Cicerón, a Séneca, a S.Agustín, a los Evangelistas, a Santo Tomás, a Dante, a Garcilaso, a San Juan de la Cruz, a Manrique, a Quevedo, a Lope de Vega, a Góngora, a Cervantes... pertenece a un nivel elevado, pero, si a pesar de todo conseguimos liberar nuestras mentes de la comodidad, encontraremos algo verdaderamente humano en las páginas de un libro. 

Un buen libro humaniza, un clásico te descubre lo que es la humanidad; que es ser humano como sustancia primera y segunda, individualmente y en colectivamente. Leer, es una actividad, que a la luz de las grandes obras de género universal, permiten vislumbrar aquellas cuestiones, preocupaciones, tendencias, defectos sobre la vida humana. Constituyen un tesoro de  alcance verdaderamente metafísico, aún sin hablar específicamente de ello en su totalidad. Revelan aquellos principios humanos que se reflejan en el universo, y es que no debemos olvidar aquella frase: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza"

Lo siento...

*I amar prestar aen (El Mundo ha cambiado)
Han mathon ne nen (Lo siento en el agua)
Han mathon ne chae (Lo siento en la tierra)
A han noston ned gwilith (Lo huelo en el aire)