Barrotes en las calles, barrotes que se han erigido de la muerte y el dolor, barrotes en el alma eterna de los grises edificios... Canciones melancólicas, adolescentes con auriculares de libertad sonada y amorcillos falsos de besos en las esquinas que deslucen por la saliva y por la iracundia. Y voy caminando lentamente con la sangre que se hacina moribunda, caminando por caminos que se escriben con demasiado anhelo para ser andados, el mundo pide quietud entre el ruido, entre los pasos estruendosos que marcamos en el suelo...
